Acacia furcatispina Garabato Macho Garabato Negro Leguminosas

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Foto 1 de
Cuando promedia el Invierno, las hojas del Garabato Macho se empiezan a oxidar, mustias.

¿No parece que hubieran estado en el fondo del mar?
Brotes tiernos de Garabato Macho. Las hojas nueves empiezan a desplegarse.
Fotografa macro de los foliolulos de la hoja. Con apenas 3 mm. slo se puede apreciar sus detalles con el acercamiento extremo que provee el lente.
Esta hoja en particular consta de 4 pares de pinas, cada una vestida son diminutos foliolulos.

Garabato Macho

El que tiene un tridente por espina

Acacia furcatispina

Leguminosas

Conocido por su nombre vulgar como Garabato Macho, este arbolillo serrano no comparte ningún parentesco con el Garabato Hembra (Acacia praecox). Si bien vienen de un mismo género, las acacias, se trata en realidad de dos especies totalmente diferentes. No sé por qué recibió su nombre vulgar, ya que en rigor no comparte muchas semejanzas con su homónimo, el Garabato Hembra. Su nombre científico alude a la forma de sus espinas, que tienen la forma de un tridente, de allí el nombre “furcatispina”, que significa en latín “con espinas en forma de tridente.” Esta forma tan particular de sus espinas hacen que el reconocimiento de la especie en la salida de campo sea unívoca. Visto de lejos, no obstante, este arbolillo es fácilmente confundible con un Espinillo o un Tintitaco.

Es raro verlo en la salida de campo. No abunda tanto como otras especies. Hoy, como tantos otros de nuestros árboles, está proscripto, desterrado a los lugares más yermos y desolados, donde la presencia del hombre está vedada por quebradas abruptas y montes cerrados. Diría que sus mismas espinas, que antes lo protegían de agresiones, son hoy la misma causa de que sea combatido y odiado. Sin embargo, este desconocido arbolito es dueño de una belleza singular. El tamaño nimio de sus hojas, la rareza de sus espinas, el ornato de sus flores, lo hacen digno de que sea respetado y conocido.

La Hoja

Las hojas del Garabato Macho son sumamente finas y pequeñas, tanto, que muchas veces más parecen una estopa raída y vieja, aunque verde, sobre las ramas, que otra cosa. Las hojas son compuestas, bipinnadas, con 3 o 4 pares de pinas y abundantes foliolulos, de apenas unos pocos milímetros de longitud. Promediando el invierno, las hojas se marchitan con manchas de un color rojo intenso, que no parece sino que todo el árbol se ha oxidado, como si fuese un árbol de hojalata. También, cuando las hojas nuevas brotan, nacen tintas de un color rojo, como el Horco Quebracho.

La Flor

El Garabato Macho florece en Primavera. Las flores, hermafroditas, se agrupan en inflorescencias blanco amarillentas, iguales a las del Garabato Hembra. Comparte, pues, esta semejanza con el Espinillo, la Tusca y el Garabato Hembra, árboles todos cuyas flores se agrupan densamente unas con otras, formando como pompones amarillos y blanco amarillentos.

El Fruto

El fruto es una vaina oblonga, apenas sinuosa, de seis a diez centímetros de largo por uno de espesor. La semilla germina con extrema facilidad y el crecimiento del árbol es relativamente veloz comparado con otras especies de árboles nativos.

El Tronco

Por lo general este arbolillo para en arbusto. El más grande que he visto no pasa de 3 metros. El tronco rara vez excede los 20 cm. de diámetro. Presenta la corteza agrietada y rugosa. Las ramas jóvenes son apenas azuladas, en tanto que las viejas tienden más a un color gris pardo. Ramifica poco, de modo que por entre el ramaje ralo, se deja ver el tronco, siempre escueto.



Sendero Serrano

Una tarde azul. Era ya mediodía.
Yo por el humilde sendero subía.

El sol, fulminante, aplasta y sofoca.
Una lagartija se solea sobre una roca.

Me ve y se escabulle en una grieta.
La huella se vuelve más y más escueta.

Sigo subiendo. A mi paso la Lantana
Su olor espeso y penetrante emana.

El aroma de su rústica fragancia
Me recuerda a otras tardes de mi infancia.

Voy recitando mis versos favoritos,
Y algunos míos que tengo escritos.

En los recodos en sombra una pausa hago.
Enjugo el sudor y la sed apago.

Llego por fin a la parte más alta,
Y me pregunto cansado cuánto falta.

Veo abajo la ciudad, y una ruta,
Cubiertas de una nube gris y poluta.

Y acá, hasta donde la vista se pierde,
Sierras y sierras, como un oleaje verde.

Sin saber por qué, del sendero me salgo,
Monte adentro, esperando encontrar algo.

El monte todo, quebradizo, cruje.
Lejos, insistente, una vaca muge.

Cada tanto se escucha en la lejanía,
Borroso, el chirriar del tren sobre la vía.

La hora es noble bajo el espinoso ramaje.
Afuera esplende, velado, el paisaje.

Voy recitando mis versos favoritos,
Y algunos míos que tengo escritos...

Garabato Macho

Cuando promedia el Invierno, las hojas del Garabato Macho se empiezan a oxidar, mustias.

¿No parece que hubieran estado en el fondo del mar?



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