Esta cabezuela ya ha comenzado a transformarse en una flor.
Pronto será visitada por una letanía de insectos serranos que llegarán en busca de su dulce néctar. Este infante Sombra de Toro crece a la sombra y amparo del Garabato.
En la imagen se ven dos troncos de un mismo Garabato. El uno, joven, es liso, apenas manchado, interrumpido a trechos por las consabidas espinas émulas de una filosa garra de gato. El otro, viejo, se ofrece hendido, leñoso y agrietado, trepado por líquenes y lamido por carnazas de hongo.